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Presentación de las teorías de Darwin
MATEO SANCHO / Efe

La tenía casi terminada desde 1838, pero no fue hasta el 1 de julio de 1858 cuando Charles Darwin, junto con Alfred Russell Wallace, presentó su teoría de la selección natural. Sin embargo, aquel día, en la Sociedad Linneana de Londres, su tesis revolucionaria pasó desapercibida. 

"Prácticamente nadie se enteró", explicó a Efe Juan Moreno, profesor de investigación del CSIC en el departamento de Ecología Evolutiva del Museo Nacional de Ciencias Naturales. Así, hace ahora 155 años, esta primera toma de contacto "tuvo una difusión tan escasa como casi todas las publicaciones científicas actuales".

"Los especialistas no estaban en esa onda" y no tomaron en serio una propuesta que era "profundamente materialista, antiteleológica. No presentaba ningún fin. Era pura adaptación en el momento", algo que rompía con la teología natural del momento.

Cuando estudió en Cambridge, Darwin (1809-1882) también era un creyente, pero al llegar a Latinoamérica en el barco Beagle en 1831 y comprobar la diversidad de las especies "vio cómo la teoría de un diseño divino chirriaba por todas partes", asevera Moreno. "Su visión científica y su aceptación de una visión materialista de la historia de la vida le convirtieron en un agnóstico".

"El mecanismo de la selección natural era un mecanismo con una enorme losa de sufrimiento y muerte para muchísimos organismos.

¿Cómo podía ser diseñada por un ser benévolo? En la naturaleza, los organismos están continuamente buscando recursos y eliminándose unos a otros", plantea el profesor.

Por eso, al llegar a Inglaterra, exponer su teoría requería una sólida argumentación. Darwin "quería elaborar un libro muy extenso sobre esta teoría, pero lo fue alargando hasta el punto de que sólo había preparado un breve ensayo, en 1844, que resumía su teoría y que lo dejó como testamento por si él moría", explica.

"No creo que Darwin tuviera miedo a la recepción. Eso es un mito. Quizás sí en los años treinta y cuarenta. Su reticencia por publicar era porque muchos eruditos son compulsivos y quería recoger todavía más datos", según Thomas Glick, historiador, hispanista, especialista en Darwin y miembro de la Sociedad Linneana.

En una entrevista con Efe desde Boston, Glick aseguró que "para concebir una teoría tan sintética, que cubre todo el mundo orgánico, hace falta viajar a muchos lugares y ver muchos organismos" y eso fue lo que dilató su publicación. "Era más cautela científica y política que verdadero miedo".

Pero en 1858, su colega Wallace llegó a conclusiones muy similares en Malasia y eso precipitó esta ponencia titulada "Sobre la tendencia de las especies a crear variedades".

La imagen presenta un árbol con la evolución de las especies, de la obra Transmutación de las especies (1837).

"Se hizo este acuerdo de publicarlo conjuntamente para que Wallace no tuviera la prioridad. Al enterarse de que Darwin llevaba veinte años investigando, le pareció una solución que no era en absoluto mala para él. El mito de que se le robó la prioridad a Wallace es absolutamente falso", asegura Moreno.

Wallace, además de no incluir al hombre en los rigores de la selección natural, tenía un enfoque sustancialmente diferente: "La idea de la selección entre individuos de una misma población es puramente de Darwin. Wallace pensaba que era una cuestión de que la variedad más exitosa sería la que suplantaría a otras variedades, por lo que las especies acabarían modificándose".

La aportación fundamental de Darwin era, entonces, ajena a Wallace, ya que para el autor de "El origen de la especies", "la competencia existía en todo momento. Siempre hay un potencial cambio evolutivo en alguna dirección", según Moreno.

Darwin fue el que recogió el éxito con su libro, que se publicó en noviembre de 1859 y se agotó en su primer día de venta al público. Moreno explica: "Lo que hizo que fuera tan impactante fue que presenta muchísima información. Se adelanta a sus críticos en muchos casos y presenta muy bien sus argumentos".

Pero mientras unos mitos de derriban, otros de índole muy diferente permanecen, especialmente en Latinoamérica. Así, Glick explicó cómo en Uruguay, en las zonas rurales, todavía se asocia a Darwin como "un hombre muy 'bravo con las chinas'", en relación a sus capacidades amatorias, algo que contrasta con su imagen familiar, enfermiza y de "señorito" que siempre tuvo el científico.

Darwin había escrito al botánico Henslow para expresar su fascinación por los Andes y, en el museo Francisco Mazzoni de Maldonado (Uruguay) se conserva una bañera con respaldo que, supuestamente, utilizó durante diez semanas, desde el 29 de abril al 8 de julio de 1833.

Darwin, además, "aunque rara vez se implicaba políticamente", se postuló a favor de la abolición de esclavos en Brasil. "Escribía a su hermana y a gente de Nueva Inglaterra antes y durante la Guerra Civil. Esperaba ver algún día una revolución de los negros brasileños contra los europeos al estilo de la revolución de los esclavos en Haití", recuerda Glick.

Créditos de las imágenes: Universidad de Cambridge.